Artículos de viaje

Colca, “el valle de las maravillas”

Mario Vargas Llosa lo bautizó como el ‘valle de las maravillas’. Territorio de volcanes humeantes, cóndores y vicuñas, donde la cultura ancestral de sus milenarios habitantes, los collaguas y cabanas, se resiste a desaparecer. Un paraíso para los amantes de la aventura y la naturaleza, en espera de ser descubierto por quienes se atrevan a remontar los Andes del sur del Perú y adentrarse en sus dominios.

El valle se inicia en las cercanías del pintoresco Chivay, el principal centro poblado de la zona, y continúa con dirección noroeste a lo largo de más de 60 km de recorrido hasta la zona conocida como la Cruz del Cóndor, en las cercanías de Cabanaconde. Desde allí el valle se estrecha significativamente dando origen al famoso Cañón del Colca, cuya profundidad promedio ha sido calculada en 3,400 metros (más de dos veces la del cañón del río Colorado).

 

Cruz del Cóndor.

Cruz del Cóndor.

 

Sus abruptos acantilados, casi verticales, nacen en las nieves andinas de la imponente Cordillera de Chila, cuyos picos nevados –origen primigenio del gran río Amazonas– se elevan a más de 5,000 metros de altura sobre la margen derecha del río Colca, y descienden, siempre de manera vertiginosa, a lo largo de otros 40 km hasta la confluencia con el río Andamayo, marcando el al final del cañón y el inicio del fértil valle de Majes. Así pues, el mismo río recibe tres denominaciones diferentes a medida que va bañando los territorios en su camino a los llanos: Colca en las alturas; Majes en su zona media, y Camaná, en el desierto costero justo antes de verter sus aguas en el Pacífico.

 

"El valle del Colca constituye un inmejorable eje turístico que posee todo lo que un viajero curioso puede desear: culturas vivas, paisajes sobrecogedores, infraestructura hotelera de primera, pueblos coloniales y abundante flora y fauna." –Elifia Guerra

“El valle del Colca constituye un inmejorable eje turístico que posee todo lo que un viajero curioso puede desear: culturas vivas, paisajes sobrecogedores, infraestructura hotelera de primera, pueblos coloniales y abundante flora y fauna.” –Elifia Guerra

 

LOS ANTIGUOS POBLADORES DEL VALLE
Cuentan las crónicas que dos grupos étnicos muy diferentes habitaron en esta región desde tiempos inmemoriales. Llegaron hasta aquí procedentes de lugares distantes y desplazaron a los primeros pobladores del lugar gracias a su poderío militar y sus habilidades en la aplicación de herramientas y técnicas agrícolas.
Los collaguas se decían hijos del volcán Collaguata y aseguraban proceder de sus entrañas. Cuenta las leyenda que “de él salieron todos ellos con sus armas, atuendos y tocados; y bajaron por las faldas del nevado conquistando la región”. Un rasgo que los caracterizaba era la singular forma aguzada de sus cabezas, las que deformaban cuando recién nacidos imitando la figura del cono volcánico al que consideraban su Apu o deidad tutelar.

 

Habitantes del valle danzando con traje tradicional

Habitantes del valle danzando con traje tradicional

 

A pesar de la presencia del torrentoso río que atravesaba sus dominios, los antiguos habitantes del Colca se veían en la imposibilidad de emplear sus aguas para irrigar sus campos. La razón era que las aguas del río corrían inmersas en un profundo cañón, a menudo miles de metros por debajo de las tierras de cultivo. Vieron entonces que el agua, imprescindible para la vida y el sustento de sus pueblos, se originaba en las nieves de la cordillera; de allí brotaban los arroyos y manantiales que discurrían hacia el fondo del valle. Fue allí donde concentraron su ingenio, conduciendo el líquido vital a través de extensos canales y acueductos, y transportándolo hasta sus zonas de cultivo. Aprendieron también que debían utilizar la mayor cantidad de niveles altitudinales o pisos ecológicos, logrando una diversidad de cosechas y excedentes alimentarios que les permitió consolidarse como los señores absolutos de la región.
Sin embargo, la compleja geografía de sus territorios fue para los antiguos hombres del Colca una fuente permanente de desafíos y retos descomunales. Ella favoreció el desarrollo de un extraordinario sistema de chacras en andenes que aún hoy continúa sorprendiendo a todo aquel que tiene la suerte de observarlos.

 

RECORRIENDO EL VALLE DE LAS MARAVILLAS
Quizás el mayor atractivo de esta zona es la espectacular andenería desarrollada por los collaguas y cabanas, que combina de manera magistral la belleza del paisaje natural con la utilidad de un gigantesco y prolijo campo de cultivo, valiéndose de la geometría, la arquitectura y la ingeniería hidráulica.

 

Valle del Colca

Campos de cultivo en el valle del Colca

 

En la actualidad en el valle se siguen empleando con fines agrícolas cerca de 4.000 hectáreas de andenes o terrazas agrícolas, mientras otras 5.000 se encuentran en estado de abandono. Esto nos permite suponer la enorme productividad que alcanzaron estas tierras en tiempos prehispánicos.

Otro de los atractivos, no menos espectaculares, del valle del Colca son sus singulares poblados (14 en total). Ellos han logrado mantener su apariencia original desde hace casi 400 años, cuando fueron trazados a manera de “reducciones de indios”, por el propio Francisco Pizarro. Su nivel de producción fue tal que llegó a concentrar una parte importante de la economía de la región, basada principalmente en la producción agrícola y la explotación de las minas de plata.

Muestra del apogeo alcanzado durante la ocupación española del valle, son sus imponentes iglesias, que destacan como las principales edificaciones de la zona. Generalmente de estilo barroco mestizo, fueron construidas entre los siglos XVII y XVIII, llegando a ser, en algunos casos, exquisitos ejemplos del arte de la época. Una de las principales es, sin duda, la de Santa Ana de Maca, considerada entre las más originales de la región. Erigida por Simón Soto entre 1812 y 1813, cuenta entre sus particularidades con una curiosa ‘capilla abierta’ en forma de balcón en la fachada, empleada para la exhibición de reliquias al servicio de la población nativa que debía seguir la misa desde el atrio.

Otro templo que se debe mencionar es el de Lari. Su suntuosa iglesia (la Purísima Concepción), contrasta con el austero trazado de las callejuelas del pueblo. Construida a manera de un gigantesco bastión antisísmico, reforzado con sólidos contrafuertes de perfil vertical que acentúan su diseño en forma de cruz latina y destacan la redondez de la única cúpula erigida en todo el valle del Colca, es considerada la estructura más grandiosa de toda la región.
Finalmente, la iglesia de Yanque, antaño sede principal de los misioneros franciscanos en el valle, fue construida entre 1691 y 1698 con canteros traídos desde Arequipa y encabezados por el maestro Ignacio Aldana. Destaca en ella su extraordinaria ornamentación en relieve y sus dos torres, austeras en contraste, coronadas por finas cruces de hierro. Completan este ramillete de edificios religiosos los templos de Tisco, Caylloma, Sibayo, Cabanaconde, Coporaque y Madrigal, todos ellos hermosas muestras de la calidad del arte religioso de la época.

 

AVENTURA
El Colca fue, desde siempre, un verdadero imán para los aventureros y amantes de la naturaleza. Ya desde los siglos XVII grandes viajeros como el español Ocaña o el italiano Raimondi recorrieron sus tortuosos caminos en pos de descubrir los secretos de este mundo colgado de las alturas. No fue sino hasta 1929 que, gracias a una expedición fotográfica realizada por los americanos R. Shipee y G. Johnson, que el Colca mostró al mundo moderno todo su esplendor. En 1934 la prestigiosa revista The National Geographic Magazine publicó un extenso reportaje titulado “El valle perdido de los Incas”. Así, el Colca pasaba a ocupar un lugar de privilegio entre los destinos más codiciados por los exploradores. No obstante, la presencia foránea era rara y hasta anecdótica en estas tierras.

 

Cóndor en el valle del Colca

Cóndor en el valle del Colca

 

Fue al inicio de la década de los años setenta cuando el valle se abrió al turismo, favorecido por la construcción de una carretera destinada a la irrigación de las pampas de Majes. Posteriormente, se suceden las famosas expediciones de Loren McIntyre (1972), quien demuestra el origen andino del Amazonas, convirtiéndolo en el más extenso de los ríos de la Tierra (6,762 km); y la de un grupo de aventureros polacos quienes logran recorrer en 1981 y por vez primera, los cerca de 50 km del caudaloso Colca entre las localidades de Canco y Andamayo.

Para los aficionados a las alturas, el andinismo y la escalada en roca, los retos son abundantes y muy variados en el Colca. Destacan dentro de este rubro las ascenciones de los volcanes Coropuna (6.425 msnm), el más alto del país, y Ampato (6.310 msnm), escenario del reciente descubrimiento de la momia Juanita, o las cumbres de la cordillera de Chila. Al más conocido de sus picos, el Mismi (5.597 msnm), se le atribuye el origen más remoto del gran río Amazonas.

Las caminatas o trekking cuentan también con numerosos y fascinantes circuitos, los que compiten en belleza con algunas de las rutas de mayor prestigio internacional. Destacan entre éstas el recorrido a lo largo del valle –recorriendo sus 14 poblados– o los descensos hacia el río y sus numerosas cascadas.

 

Mirador en el "valle de las maravillas"

Mirador en el “valle de las maravillas”

 

Texto: Walter Wust, Viajes Pacífico.
Fotografías: go2peru.travel, wikimedia commons, perutravelnow.com, Elifia Guerra de blog mapaturisticoarequipa, Agencia de Noticias Andina en Quinnua.pe, Sameer Halai en National Geographic

Comentarios sobre el relato de viaje
  1. JULIO DIAZ 27 septiembre, 2015 Responder

    El Valle del Colca, conocido mundialmente por su historia, su cultura, su arquitectura y por su producción agropecuaria. Vale la pena visitar este hermoso lugar.

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